..::¤ maniquí al ataque ¤::..

El hombre en su primer día de vida, no encontro más que el reflejo de su rostro. Se observó así mismo y reconoció que él sería su primer amor. Psicológicamente homosexual, biológicamente necesitado de la mujer, ante el terror de amarse de sí y para sí, se arrancó con las ansías una de sus costillas.

martes, diciembre 27, 2005

..::¤ Libidinoso ¤::..

Miro desde abajo junto al suelo, a un cuerpo tirado sobre una almohada, le pido disculpas al espejo que ya no me alcanza el tiempo para perdonarlo...

Braulio encogido casi como un enano estiró los brazos hacia el techo, casi cosquilleaba la madera enternecida por el húmedo invierno, le arrancó algunas astillas y se burló del gruñir adolorido de la casa.

Distraído se asustó con el movimiento de otro par de brazos, era él, copulando a la orilla de la cama, siendo presionado contra el frío del concreto que por pared lo retenía a explotar en orgasmos.

Bastó con mirar al reflejo que se mantiene intacto pero resquebrajado y volver mañana para romperlo de nuevo...

El joven se vio a si mismo, envuelto en excitante peletería, un par de navajas que brotaban de su cadera se movían rítmicas junto al cuerpo que le acompañaba, mientras sumía el estomago a la cadencia dentro y fuera de un baile lento y ondulado.

Los achaques de una "menopausica" adolescencia se escurrían entre sus muslos hasta apretar los nervios convertidos en tirones hacia la locura, hacia enfrente, hacia una tibia profundidad.

El rechinar de los resortes de la psique se vuelve aún más hilarante que ver a un cuerpo gemelo del zodiaco saltar contra la piel y el vello de un par de nalgas enamoradas.

Esta regla funciona siempre y cuando los pujidos no se vuelvan reclamos; porque verle y escuchar a un alma pedir funciones por propósitos sin respuestas se convierte una excusa más para que las lágrimas signifiquen distancia.